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Montreal , Quebec, Canada
Detras de esta página, se encuentra Hollman Leal Gómez, amante de la buena música, de la vida y entusiasta del conocimiento músical.

sábado, 21 de octubre de 2017

“Démosle una oportunidad a la PAZ”: John Lennon, la historia de una malograda grabación.

Por: Hollman Leal Gómez

En el principio hay un tema musical, “Paz en la Tierra”, publicado el 1 de octubre de 2007, con esas guitarras eléctricas tan profundas y bien arregladas, con la distorsión exacta como lo hace Chucho Merchán, el bajista colombiano, fundamental del Rock anglo de los años ochenta y noventa, el cultor de causas animalistas y el productor de Fito Páez y Robi Draco Rosa, entre los más reconocidos. Existe una singularidad en este tema musical y es que la introducción se realiza con los coros de “Give peace a chance” de John Lennon de la grabación hecha en 1969, en esa gira que realizara por algunas ciudades de Norteamérica y donde desde una cama invitara al mundo a cambiar.
Esta particular introducción, completaba mi hallazgo mental y geográfico de tres sitios icónicos de la ciudad de Montreal que aportan al mundo de la música, haciéndola particular y única como referente histórico. Primero me refiero a la ciudad donde nació y se formó Leonard Cohen, en el sector de Westmount. El segundo encuentro fue con el barrio negro elemental para la comprensión y el desarrollo del Jazz en la época de la prohibición del licor en los Estados Unidos y que se convirtió en el área obligada para la buena música me refiero a la “Petite Bourgogne”. Y el tercero lo constituía la otra pieza del trébol que encontraba en esta ciudad de la provincia de Quebec y era encontrar el sitio donde se grabó el tema de John Lennon.
HOTEL FAIRMONT REINA ISABEL

El tema “Give peace a chance”, fue grabado en la habitación 1742 del Hotel Reina Isabel de la cadena Fairmont y ubicado en el sector de Ville-Marie de Montreal. El siguiente paso era conocer el hotel y la habitación donde se grabó este tema clásico, este hotel que visitaban las personalidades que llevan a esta urbe. Su ubicación, hace referencia a encontrarse entre dos estaciones del metro “Square Victoria” y “Bonaventure”, toda esta búsqueda realizada en la primavera del 2017, con pleno desconocimiento que el hotel estaba en remodelación desde el año anterior y solo hasta julio de 2017 se estaría haciendo entrega de la obra. Al preguntar al encargado por la habitación la primera respuesta fue que no podíamos ingresar, porque la habitación y todo el piso habían sido destruidos para dar paso a la nueva estructura posterior a la remodelación. Pero allí estábamos ante un simbólico lugar que sirvió de laboratorio al idealismo del hipismo de los años sesenta y la producción musical de la época.
André Perry y John Lennon. El dia de la grabación 1 de junio de 1969.

John Lennon y su compañera entonces la escultora Yoko Ono, diseñaron una campaña llamada “Bed-in”, “en la cama” o “encamados”, que era una manera de hacer una exposición a los medios y a la vez protestar contra la guerra. La primera jornada se hizo en Ámsterdam del 25 al 31 de marzo de 1969 y la segunda estuvo planeada para Nueva York pero las autoridades de migración de Estados Unidos negaron el ingreso por la condena que recibió Lennon en Londres en el año anterior por consumo de marihuana. Decidió entonces la pareja Lenon-Ono realizar su protesta en la ciudad de Montreal por estar más cerca de la frontera con los Estados Unidos. Una vez ahí se instalaron en el Hotel Reina Isabel administrado por la cadena hotelera Fairmont, en la habitación 1742, desde el 26 de mayo hasta 2 de junio. Allí invitaron periodista durante todo el tiempo, personalidades de la música, de las artes y la política pasaron por ahí. En una de las constantes entrevistas un periodista pregunto a Lennon, ¿Qué es lo que están buscando?, a lo que Lennon respondió directamente: “All we are saying is give peace a chance”, traducido diría: “Todo lo que estamos diciendo es darle a la paz una oportunidad”. Esta frase llamo la atención de Lennon quien la empezó a trabajar como el estribillo de una canción.
BED-IN MONTREAL 1969

El primero de junio de 1969, se comienza a plasmar el tema, la idea es utilizar una grabadora de cinta marca “Scully” de cuatro pistas con una consola de ocho pistas marca “Ampex 3” alquiladas en la RCA Victor de la ciudad, el responsable seria el ingeniero André Perry a quien encargaron de la realización y ubicación de micrófonos, Lennon interesado en que todos los asistentes participaran en el tema, escribió en las paredes sobre carteles, el coro del tema. Al momento de comenzar la grabación los invitados harían parte de los coros dentro de la canción, que en si es un himno con un estribillo que se repite varias veces casi como un mantra religioso y que gracias a las palmas que se asemeja a una percusión logra el ritmo del tema. Voces, murmullos, Lennon en la guitarra principal, el humorista Tommy Smothers haría la segunda guitarra y una pandereta estaría presente en las manos de Yoko Ono y su pequeña hija. Luego de varias tomas André Perry, retoma con John Lennon una grabación adicional con la voz de él de manera individual, de esta manera termina la grabación.
Lennon, Ono y Tommy Smothers, el dia de la grabación.


André Perry como responsable recoge las cintas y parte a su estudio de grabación en la pequeña ciudad de Brossard, junto a Montreal, allí a la media noche comienza a escuchar las grabaciones y descubre que estas tienen un pésima calidad solo el 20% de su estructura puede rescatarse y es ahí donde toma la decisión de depurar la voz de John Lennon, reducir las voces del entorno y utilizar una caneca de la basura plástica que tenía a mano para hacer el ritmo de percusión. Las voces serian otra historia, pues gracias a los trabajos hechos por músicos locales que despuntaban su carrera en esos tiempos, como: Lindberg y Robert Charlevoix se lograrían los coros claros que se escuchan durante toda la canción y que Perry afirma si se escucha con detenimiento es posible sentir el acento quebequense claramente. Fue muy curioso decía André Perry al referirse al momento en el que llamó a los músicos para que le acompañaran en la grabación pues ninguno le daba la razón sobre la situación y creían que sencillamente era una broma aquello de grabar en un tema con John Lennon.
André Perry en años posteriores, como un gran realizador y productor musical.

Trabajo terminado y un himno del movimiento pacifista, un éxito más para Lennon y compañía, pero para André Perry no hubo dinero por parte de los productores sin embargo por solicitud del mismo Lennon se incluyó, el nombre la dirección del estudio donde fue realizado el tema y como Perry lo afirma en las entrevistas esta fue la mejor tarjeta de presentación para quien sería en adelante uno de los creadores de un estilo de grabación en su famoso “Le Studio”, por donde pasarían muchas de las más importantes estrellas del mundo del Rock de los años setentas y ochentas, pero esa será la temática de otra narración, por ahora démosle una oportunidad a la paz.
El nombre de Perry, la dirección de su estudio. La mejor tarjeta de negocios para un ingeniero de sonido.



Referencias bibliograficas:
http://www.journaldemontreal.com/2014/05/23/la-vraie-histoire-de-igive-peace-a-chance/i
http://andreperrystudio.com/biography/index.php?lang=fr
www.discogs.com

sábado, 30 de septiembre de 2017

"La Petite Bourgogne" el ombligo del Jazz en Montreal.

Por: Hollman Leal Gomez

1. La Pregunta.

¿Por qué existe un gran gusto por el Jazz en Montreal? ¿Por qué existe una gran influencia musical de la población negra en esta ciudad? ¿Fue el Festival de Jazz de Montreal una estela de una tradición musical existente?
2. El encuentro con el interrogante.

El primer encuentro fue escuchar de Oliver Jones, músico, pianistas montrealés de Jazz, en un archivo sonoro de una entrevista en la sede del Festival de Jazz de Montreal en el número 400 del bulevar Maissonneuve Oeste, en pleno corazón artístico de la urbe quebequense, una declaración donde Jones afirma y explica la importancia del sector de “ La Petite Bourgogne” (que mantendremos entre comillas durante el siguiente escrito) y como se convirtió en un pequeño barrió plagado de estrellas del Jazz.

Luego la búsqueda del suburbio en el mapa de la ciudad y la correspondiente estación del metro, la llamada “George Vanier”, en la línea naranja, nombre de un reconocido político local y gobernador de Canadá, este apéndice histórico nos aproxima a un sector que se conoce en francés como “La Petite Bourgogne”, en inglés “The Little Burgundy”, traducido al español como “Pequeña borgoña” en honor a la región francesa del este de ese país y caracterizada por su riqueza vinícola. Este es nuestro entorno geográfico de una zona más parecida a un barrio que a una región. El primer objetivo luego al salir de esta estación es buscar el “Le negro comunity center”, un centro comunal exclusivo para la población negra de este sector, en este edificio se apoyó a la población menos favorecida en especial en los aspectos educativos de la población adulta y donde se permitían las expresiones culturales de los jóvenes y su respectivo seguimiento e integración a la sociedad. Este centro ejerció una acción social sin duda, una respuesta a las comunidades afrodescendientes de esclavos traídos de África enraizados en Montreal, en los siglos XVII y XVIII y de la población afro que también llego de Estados Unidos y las Antillas, al final del esclavismo, todos ellos con un elemento en común, el idioma inglés.

Originalmente el centro se estableció en una iglesia Metodista llamada “West End”, un espacio de encuentro no solo religioso, sino como ya lo mencionamos social. Pero este centro comunitario fue una herramienta para respaldar a la creciente población obrera que integraba el sector. En esta zona desde la construcción de un canal alterno al rio Saint-Laurent (San Lorenzo), el llamado canal Lachine, este permitió la instalación de diversas empresas de la industria pesada del hierro como la Canadien Pacifique y la Steel Company of Canada (Stelco), que permitía entrar y salir en sus grandes embarcaciones y atrajeron una amplia población obrera que fijo allí, entre edificios de apartamentos y comercios populares una tradición angloparlante que permitió conocer este sector como el “Harlem del norte”, en referencia a estas tradiciones y al barrio de Nueva York.

A partir de la creación de una gran estación de trenes que servía como punto de entrada a Canadá desde la costa del Atlántico de Estados Unidos, nos referimos a “Gare Windsor” y “Buenaventure”, estos puertos férreos, se convirtieron en referentes para el ingreso de una población adinerada blanca, que recurría a una clase obrera de portamaletas que en su totalidad eran negros que realizaban las labores de ayudar a bajar y a subir los pasajeros, a cargar y descargar maletas, barrer y asear baños y pasillos de las estaciones y debían hacer el aseo de los vagones del tren, esto los llevaba a tener jornadas de hasta veintiún horas obligándolos a dormir en los vagones unas escasas horas. Esto ayudo a consolidar una de las más fuertes asociaciones sindicales de Canadá, el sindicato de portamaletas, el cual fue respaldado por muchos de los usuarios del tren que en su mayoría eran blancos influyentes, abogados y médicos adinerados.
El flujo de pasajeros fue extenso, la gran mayoría proveniente de los Estados Unidos, todos con dinero y ávidos por consumir alcohol y diversión continúa. El mayor factor político y cultural fue la promulgación de la ley Volstead o comúnmente llamada la “Prohibición”, vigente entre el 17 de enero de 1920 y el 5 de diciembre de 1933, en el territorio de Estados Unidos y no así en Canadá. Esta acción política cerró las puertas a la legalidad y al consumo del alcohol y lo transformó en un acto subterráneo, que transfiguró el entorno de la ciudad de Montreal en un espectro de diversión legal, con alcohol, casinos y con expresiones musicales amplias entre ellas el Jazz de moda y otros aspectos que la vida nocturna conlleva.

Condensando esta primera parte, existen tres aspectos para tener presente para que se crease en “La Petite Bourgogne”, el corazón de la cultura jazzística de Montreal:
 La población negra venida del Caribe en busca de oportunidades y de los Estados Unidos, luego del proceso de finalización de la esclavitud, aunque antes de este suceso la libre movilidad de la población negra no esclava hacia presencia ya en esta región entorno a la inclusión y diversidad cultural canadiense.
 La ciudad de Montreal como puerto importante de desarrollo industrial y como puerto ferroviario con sus operarios en todos los niveles y toda una clase social productiva ligada a la industria siderúrgica pesada. Un centro de desarrollo económico de toda Norteamérica.
 La prohibición del alcohol en Estados Unidos entre 1920 y 1933 permitió que Montreal se posicionara como una urbe de vida nocturna activa, con ofertas de diversión, libertad de consumo de licor y variedad musical de alto nivel, ligada al estatus económico de los visitantes.

3. La rutina del visitante.
Los visitantes llegaban en lujosos vagones desde el norte de los Estados Unidos, los días viernes ávidos de diversión, lujo y claro que sí, variedad musical. Un fenómeno que permitió la presencia de grandes clubes en “La Petite Bourgogne” como resultado del liderazgo de emprendedores que combinaban la legalidad de los clubes con la ilegalidad del contrabando de whiskies y cerveza a Chicago, hecho este que les permitió tener un gran ingreso económico que luego se plasmaba en las ofertas musicales que expusieron en sus clubes. Un ejemplo fue el caribeño Rufus Rockhead, quien creo el “Rockhead Paradise”, en “La Petite Bourgogne”, generó un espacio de encuentro de inclusión, donde entorno a la riqueza circundante convirtió a Montreal en la capital de la vida nocturna, trayendo consigo a los músicos buscadores de nuevos mercados, el Jazz estaba en el aire y nutria los centros nocturnos, músicos de Nueva York, como Herb Johnson llegaban a vivir a Montreal, “The Tramp Band”, Louis Metcalf trompetista y su “The International Jazz Band”, Skypper Dean cantante, el pianista Joey Sealy sin dejar por ningún momento a un lado la gira a los clubes nocturnos del sector por parte de Duke Ellington.
En esos momentos y nos referimos a la décadas del veinte al cuarenta, la clase obrera negra era remunerada de manera poco equitativa, largas jornadas diarias y con descansos de solo 4 o 5 días al mes, llevaron la formación de un sindicato de empleados de las estaciones ferroviarias, los llamados carga maletas, despertaron en las nuevas generaciones el deseo de no repetir las historias de sus padres, pues los hombres se ocupaban en las empresas siderúrgicas y los trenes, por su parte las mujeres se dedicaban a trabajar para otros en las tareas domésticas, siendo sus hijos dejados en guarderías del barrio.
Uno de esos portamaletas llamado Daniel, en cierto momento tuvo una conversación con uno de sus hijos llamado Oscar, este le dijo, que jamás él sería un portamaletas, que el haría algo diferente de su vida y lo que haría era tocar el piano, hablamos de Oscar Peterson (15 de agosto de 1925 en Montreal- 23 de diciemre de 2007 en Missisuaga Ontario), uno de los más influyentes pianistas del Jazz, nacido en el sector de la “Petite Bourgogne”. Un prodigio fruto de una familia musical, quien comienza su carrera bajo la dirección de su padre quien a pesar de tener una exigente rutina de trabajo en la estación del tren como carga maletas, dirigía con sus hijos una agrupación musical que se presentaba en las iglesias del sector. Se inició en la trompeta a los cinco años pero luego se decidió por el piano teniendo en su hermana mayor Daisy una profesora y quien más tarde sería reconocida en el ambiente de la comunidad negra montrealés como una gran profesora de piano, también su hermano Chuck se convertiría en un trompetista reconocido, incluyendo a su hermana May, quien sería la encargada de administrar la carrera de Oscar Peterson, mucho más tarde. Fue así como su familia dio el salto a otro tipo de ambientes laborales distintos a la siderúrgica y la estación de trenes.
Oscar Peterson tuvo en su hermana Daisy su primera formación musical como ya los dijimos pero más tarde en su adolescencia recibiría clases de maestros de formación clásica como Louis Hooper antiguo pianista de rag time en Nueva York y Paul de Marky pianista concertista, adicionalmente formado en el conservatorio de música de Montreal.

Su carrera toma rumbo cuando a los 14 años de edad gana un concurso de música de un reconocido personaje de la radio montrealés y gana $250 dólares que le permiten continuar su formación y gracias a ese triunfo ingresa al mundo de la radio haciendo programas musicales de Jazz, logrando reconocimiento por su técnica, velocidad y virtuosismo en las escena local. Peterson se sintió influenciado por los pianistas Nat King Cole y Ted Wilson, pero sobre todo por su ídolo Art Tatum. Su carrera musical toma un camino hacia los Estados Unidos a través de Jimmie Lucenford y Count Basie, aunque sus padres consideran que es muy joven para dejar sus estudios, regresa nuevamente a Montreal donde integra la agrupación de Johny Holmes, Peterson dejas sus estudios y les dice a sus padres que lo hace no solo para ser un pianista más sino para convertirse en el mejor.
De 1945 a 1949 realiza sus grabaciones con la RCA, donde plasma su gran gusto por el Boogie-boogie y luego por el be-bop. En 1949 gracias a la gestión del empresario Norman Granz, propietario del sello Verve, Peterson comienza su gira con “El Jazz y la Filarmónica”, entre 1950 y 1952, arraigándose en el publico estadounidense, convirtiéndolo en uno de los sonidos e imágenes del Jazz más reconocidos en ese país en las décadas del cincuenta y sesenta, a la vez forma un trio que se considera la mejor formación por su acople y rítmica, esto de acuerdo a la crítica de la época y a la revista “DownBeat”, el trio PIANO-CONTRABAJO-GUITARRA (Peterson, Ray Brown contrabajista y el guitarrista Herb Ellis). Peterson enarbola la bandera de la lucha por la igualdad racial, por la virtuosa colaboración musical con otros artistas, por el trabajo profundo en la producción musical del Jazz, llamado el “bombardero marrón del boogie-boogie”, “el pianista de las cuatro manos”, “el marajá del teclado”, quien le abriría campo a los músicos de su generación formados en principio por los conocimientos de su hermana Daisy, nos referimos a Oliver Jones, Joe Sealy y Reg Wilson, quienes extenderían esta explosión musical del jazz canadiense nacido en el barrio de la “Pequeña Borgoña” como lo diríamos en español.
El gran aporte de Peterson al Jazz, fue su estilo relevante, rápido, ágil, preciso, el mismo que fascino al público de los Estados Unidos por dos años en una gira que sirvió para popularizar el género por todo ese país. Con reconocimientos musicales en su trayectoria como el premio Juno en Canadá o los ocho premios Grammy en Estados Unidos, destacaron su producción con más de doscientos álbumes grabados para otros artistas como Ella Fitzgerald, Dizzy Gillespie, Billie Holiday y Louis Armstrong.

Oscar Peterson revindica el valor de su cultura negra, del hijo del inmigrante, del estudioso musical, del hombre del barrio de la gran urbe, del líder de una generación que deseaba romper con un sistema de explotación laboral de su tiempo.
Esta era una gran influencia para una ciudad que amaba el Jazz, que se convirtió en un punto de visita de giras y eventos de músicos que desembocó posteriormente en la necesidad de reunir todas esas presentaciones en un solo evento anual, en mostrar al mundo el interés y la cultura existente por más de cincuenta años en dicha urbe. Fue así como en 1979 dos visionarios nacidos en Montreal, Alain Simard y André Ménard quienes en 1979 organizaron un primer festival de Jazz, pero no fue concretado por motivos económicos. Solo hasta 1980 fue realizada su primera edición con el deseo de crear una organización sin ánimo de lucro. Sin más preámbulos el festival de artes de mayor importancia de Canadá, uno de los eventos de Jazz de mayor relevancia en lo que a festivales se refiere, treinta y siete años continuos de conciertos gratuitos y pagos, fruto de la tradición circundante en teatros, bares y pequeños festivales regionales. Hoy por hoy el centro fundamental de la cultural del Jazz a nivel mundial en el verano del hemisferio norte.
4. Y hay que concluir.
• La Pequeña Borgoña, es el punto de encuentro anglófono de los pueblos negros del Caribe y venidos de los Estados Unidos luego del capítulo de esclavitud, que descubrieron un espacio económico para comenzar sus vidas.
• La liberalidad causada por la “No” prohibición de licor en la ciudad de Montreal en Quebec, Canadá, trajo consigo una población económicamente fuerte proveniente del norte de Estados Unidos, que seguía una oferta de sitios nocturnos con música en vivo, una oferta gastronómica elegante y a su vez permitió que los locales desarrollaran un negocio entorno a la cultura del Jazz, por medio de los músicos nacidos en esa ciudad tales como Oscar Peterson, Oliver Jones, Joe Sealy y Reg Wilson y las estrellas que llegaron a realizar sus presentaciones allí.

• El nacimiento y formación de una generación de músicos oriundos del barrio “La Petite Borgogne” permitió extender la tradición jazzística de los años cuarenta y cincuenta por todo Norteamérica, con giras y agrupaciones que integraron los músicos nacidos allí. La música permitió romper con el sistema de explotación laboral establecida en este tiempo, pues muchas familias se vincularon a los negocios relacionados con el espectáculo y la oferta gastronómica.
• El Festival Internacional de Jazz de Montreal, nace como respuesta a años de tradición en presentaciones y espectáculos en esa ciudad, como una oportunidad de trascender y establecer un punto obligado dentro de la cultura de Jazz mundial, centrando en unas fechas todo el valor que esa música representa para la cultura de esa ciudad y claro que si para un país entero.


Bibliografía y fuentes:
http://encyclopediecanadienne.ca/fr/article/oscar-peterson/
https://mesquartiers.wordpress.com/2015/05/10/la-petite-bourgogne/
http://archivesdemontreal.com/2014/12/18/les-quartiers-disparus-de-montreal-la-petite-bourgogne-1965-1967/
http://ville.montreal.qc.ca/portal/page?_pageid=7757,85323580&_dad=portal&_schema=PORTAL

jueves, 24 de agosto de 2017

Indestructible la nueva version o la velocidad con que se propaga un comentario.

Una versión es una interpretación libre de acuerdo al criterio del autor, que versiona un tema o una obra original. “Indestructible” de Pablo Campos y Danie Ibañez, reyes “youtubers” a quienes les hacemos un fabuloso favor con esta discusión, son el centro de atención de la comunidad salsera en las redes sociales.

¿Que si está bien hecho el tema? Si, si lo mira desde el punto de vista de la clave, de la rítmica, del arreglo, del sonido, con sus respectivos puntos de vista. A mí no me gusta, porque no supera la grandeza del original, pero la intolerancia es el primer paso del radicalismo y juzgar sin conocer nos acerca al fundamentalismo, tan en boga en esta era de la información.

Que hubiese dicho Miguel Cuní y Félix Chapotin con la versión de "Prende el fogón" que hiciese la Sonora Ponceña o Arsenio Rodríguez con el desparpajo que tuvo Larry Harlow en sus arreglos o que reacción tendría Jhon Lennon y Paul Mcarthney de las versiones de Celia Cruz y sus amigos en el tributo de la Fania a los Beatles o Sade sobre la versión en Jazz Latino de “Smooth operator” de Mongo Santamaría, o bien sas versiones de los clásicos salseros de cuanta orquesta europea que aparece por ahí y que algunos ensalzan de manera efusiva, usted escoge, todos los artistas tienen malos días también, infortunados arreglos o decisiones musicales inadecuadas, esta es una versión más y es un deber no tragarse todos los desaciertos musicales así vengan de su más grande artista preferido, eso se llama honestidad.

Los invito a visitar la página oficial de la Fania, donde encontraran otra cantidad de temas versionados para que confronte lo que está haciendo este sello musical. Si no lo ha percibido la Fania desapareció hace unos años, como desapareció el estilo salsero que los caracterizó, ¿Por qué? Por qué la música evoluciona, los tiempos cambiaron, ya no se graba en cinta magnetofónica que fue el gran secreto del sonido de la Salsa, ya no se graba la orquesta en vivo en una, dos o tres tomas, ahora se hace por segmentos y por qué todo pasa por un programa de ordenador o computador que le modifica la voz al cantante, hace brillar las trompetas y crea repeticiones o “Loops” con la percusión y si no lo ha notado ya casi no se vende música real, es decir, LP, vinilo o disco compacto.

Fania tiene que sobrevivir, por eso encuentra una división de esa empresa encargada de promocionar solo DJ´S, Armada Fania se llama y presenta a otros músicos de nuevos géneros, porque la inteligencia está en adaptarse a los cambios y no solo es una frase fría de “coaching”.

Nada superara aun el original de indestructible, aun el mismo Ray Barreto lo versiono en su “50” aniversario, grabándola en vivo, en fin, cuenten ustedes las versiones. La Salsa tiene que sobrevivir pensando en alimentarse de nuevas corrientes, son muchas las que se acercan, la alimentan y otras la desgastan, esta es una más, sino esa situación la llevara a desaparecer lentamente.
Usted amigo lector fue afortunado por conocer esos genios creativos que formaron la estructura clásica de la Salsa y que hoy le permiten comparar, por fortuna con la música que se hace en el siglo veintiuno.

Si no les gusta no la oiga y comparta su incomodidad, con argumentos eso sí, así como
lo hice con los álbumes de Cigala en Salsa y Marc Anthony y aquí sigo con sangre nueva indestructible.


Y les dejo el video para los que no lo han visto: https://youtu.be/YifGe-wRgv4

jueves, 15 de junio de 2017

Roberto Roena: Herencia del Brasil y creacion de un estilo propio.

Por Hollman Leal Gomez

Un concierto de Bossanova New Brazilian Jazz, en el Carnigie Hall en Nueva York en el año de 1962, donde Luis Bonfà, Antonio Carlos Jobim, Sergio Mendes, Joao Gilberto, se dieron cita para presentar un nuevo sonido, el sonido de la Bossa-nova. Dentro del público que apreciaba el espectáculo se encontraba una numerosa colonia de puertorriqueños afincados en la gran ciudad, en la gran Manzana, dentro de estos se encontraban dos Titos directores de orquesta, Tito Puente y Tito Rodriguez, ambos sin dudarlo se embarcaron en trabajos posteriores, dando respuesta a lo que en su momento fue una moda. Los álbumes “Bossa Nova” de Tito Puente y su orquesta del año 1962, con vibráfono. Y Tito Rodríguez, con su álbum “Let`s do Bossanova”. Por qué tomamos este suceso? Porque es importante para la formación de nuestro invitado el día de hoy, a demás estos dos músicos estaban definiendo el sonido posterior de la Salsa, Roena por su parte hacia parte en los años sesenta de la Orquesta de Rafael Cortijo a quien considero su maestro en percusión y dirección. Posteriormente alcanzaría su madurez con el Gran Combo de Puerto Rico y en su ensamble de Jazz Latino los Megatones.

Pero tardaríamos 13 años para encontrarnos con Willie Colon y su álbum el “Bueno, el Malo y el Feo”, puerta de entrada para el sonido de la Samba con la inclusión de pequeños cortes melódicos dentro de cada tema, incluyendo el agogo que es el cencerro doble y la Cuica, un pequeño tambor con una especie de baqueta en el centro que produce un ligero chillido característico de la Samba, posteriormente Louis Ramírez, Bobby Valentín, la Sonora Ponceña y claro el mismo Roberto Roena seguirían su ejemplo.
En 1976 Roberto Roena utilizó el agogo o doble cencerro y la cuica en el tema “Mi desengaño” del álbum “Lucky 7”, con el ánimo de enfocar un equilibrio, un ambiente de complacencia. La canción, inicia con una guitarra acústica luego la precede un estribillo de trombones, trompetas y saxofón con una flauta de fondo. El tema es autoría del trombonista Julio “Gunda” Merced y Julio Souffront. Hay una descarga presidida por un ritmo de samba suavizado que establece una línea melódica de ensoñación, la cuica y el agogo, le imprimen a esta pieza un tono de placidez, sentimiento y sensualidad, cercana a la famosa nostalgia brasilera en esa Saudade, convirtiéndolo en un clásico infaltable de Roena.

Roena vanguardista y heterodoxo ya había integrado elementos del Funk, R&B, Jazz en álbumes anteriores, Roena tomó y convirtió en elementos primarios para sus arreglos la musicalidad brasilera, “La octava Maravilla” de 1977 y el “Progreso” de 1978 con los conocidos temas “Lamento de Concepción” y “Guaguancó del Adiós” ya con la autoría de otro entusiasta en música brasilera el puertorriqueño Catalino Curet Alonso, definió su estilo, con pausas en sus canciones, que incluían la música brasilera, la rumba cubana, la bomba y la plena puertorriqueña, con lucimiento de sus percusionistas o de el mismo en los bongos, tocándolos a su manera, con baquetas que le dan una tonalidad diferente, aunque los más puristas del bongo consideren esto como indebido, pero valido a la hora de la identidad musical de su interprete.

Concluyendo este corto homenaje a Roberto Roena, bailarín, director de orquesta, percusionista, un músico que definió su propio estilo, que influyo en las generaciones posteriores que vieron en él un reformador, un visionario de lo que debería ser la Salsa, un formador de cantantes ya que pasaron por su agrupación voces como:
• Piro Mantilla
• Camilo Azuquita
• Dino Guy
• Sammy Gonzalez
• Mario Cora
• Frankie Calderon
• Luisito Carrion
• Adalberto Santiago
• Hector Tempo Alomar
• Carlos Santos
• Papo Sanchez
• Tito Cruz
• Cheo Quiñonez
• Junior Reynoso
Roena aporta elementos que universalizaron la Salsa, su formación de trombones, Trompetas, saxofón y Flauta, con los elementos de la música brasilera, la rumba cubana, la bomba puertorriqueña, la versatilidad, la calidad sonora. Roena no sabía leer música, pero este hecho no lo limito y gracias a su liderazgo y personalidad supo rodearse siempre de los mejores músicos, para sus grabaciones y sus presentaciones en vivo. Desde su primeras apariciones con Cortijo y el Gran Combo de Puerto Rico, pasando por la Fania All Stars, Roena destacaba con su trajes, con su cabello pintado o con situaciones donde se desvestía en la euforia de tocar el bongo o bailar en el escenario.
Roberto Roena, guía salsero, músico infaltable en nuestra discografía, nos invita a redescubrirlo a través de sus 20 álbumes y 4 recopilaciones. Que viva la Salsa.

lunes, 29 de mayo de 2017

Leonard Cohen, encuentro musical, cita geográfica con el poeta.

Por: Hollman Leal Gómez

Una importante cadena de alquiler de películas desapareció por el peso tecnológico del cambio, pero en esos días yo ordenaba videos en formato de VHS que aun en 1997 eran valiosas piezas de venta y colección de esta manera encontré una película que rebosaba de lugares comunes en el cine estadounidense, una cafetería, un “pie” (torta) de limón, un hombre y una mujer violentos, una mesera que se molestaba por que no recordaban su nombre y como música en el fondo, un tocadiscos de 45 rpm que se activa con la caída de una moneda, una canción con la cadencia de los años ochenta, con la voz de quien declama un poema, “Baby, I've been waiting, I've been waiting night and day”, esa voz gutural y de un tono muy bajo con buena dicción pero profunda entonación, da inicio al primer encontronazo.
La canción hace parte de la banda sonora de la película de 1994 “Natural born Killers”, conocida en el mercado de América Latina como “Asesinos por Naturaleza”, película está dirigida por Oliver Stone, protagonizada por una pareja Mickey (Woody Harrelson) y Mallory (Juliette Lewis), una pareja de asesinos sicópatas alimentados por los medios de comunicación en un periplo de crímenes y violencia en una enferma colectividad estadounidense. El tema que comente se llama “Waiting for a miracle” de Leonard Cohen y hace parte de la banda sonora donde aparece otro tema de él, “The Future”, como sucedió en ese momento, sin prejuicios, ni tapones en los oídos, la música llega y genera la pregunta instantánea de ¿Quién es el músico?, pero tardarían veintitrés años en aparecer la respuesta y recordármelo la geografía de una ciudad canadiense, Montreal.

Hace frio hoy aunque ya llego la primavera, esa es la constante en la Montreal del año 2017, Leonard Cohen estaba en el aire y es singular encontrarse con la efigie de un compositor fallecido, con un icono que acaba de partir y ante el cual empiezan a aparecer historias y mitos confrontados, como si comía en un sitio de jamón ahumado o que Cohen prefería los “baggels” (rosquillas sin dulce) de un restaurante que tiene un pequeño altar en su honor, fue así como esta situación despierta mi claro interés y se convierte en una ruta del acercamiento musical fundamental para nuestros intereses. Volver sobre sus huellas, como descubriendo sus aun presentes esencias, de las personas que moldearon el músico, el escritor y cercano filósofo, nos lleva a la ciudad de Montreal, en la provincia de Quebec, en Canadá, a una ciudad conformada por distintas pequeñas poblaciones, por un cumulo de culturas anglófonas y francófonas y otra tanto de todas las nacionalidades existentes, una multitud de personas que a pesar de sus obvias diferencias conviven sin el menor inconveniente, en la ciudad de las calles sin fin, moviéndose en el bilingüismo y en la variedad de tradiciones musicales e históricas y que con cierto tono político y un sabor a frase trillada en la afirmación, constituye su principal riqueza cultural.
El recorrido en Montreal nos lleva a Westmount, una pequeña población que hace parte del conglomerado de la ciudad, de esas pequeñas villas como se les llaman, que se anexaron por decreto a la gran ciudad para luego volverse a separar parcialmente. El metro me conduce a la estación llamada “Villa-María” que a propósito su nombre fue una herencia de la colonia portuguesa y nos deja a dos calles de este enclave, una de ellas rodea un empinado ascenso de un kilómetro aproximadamente donde se encuentra el Marymount College y nos da la bienvenida a una de las zonas anglófonas de mayor riqueza en todo Canadá, dos grandes torres de edificios “Le Montebello” y el “Westmount One”, más adelante una iglesia metodista Coreana y un aviso en un poste que nos muestra que estamos en el lugar adecuado. Ya sobre la parte más alta de la calle continuamos el recorrido hasta la “Rue Belmont” y la casa donde creció Cohen y que fue propiedad de su madre, la casa materna con el número 599, donde él pasó su infancia y donde estableció sus primeras lecciones musicales para siempre, las que según su discurso al recibir el premio Príncipe de Asturias 2011, fueron fundamentales para poder interpretar un instrumento, esos 6 acordes que según el repitió durante toda su vida y que recibió de parte de un joven guitarrista español. (Les invito a ver en Youtube el discurso completo escuchar la historia del encuentro de Cohen con la guitarra flamenca y su experiencia de adolescente. https://youtu.be/JUKu2-QEspQ)
Marcas del tiempo en una vivienda de estilo victoriano, con esa mezcla de ladrillo y madera pintada de blanco, entre simpleza y elegancia, en una zona cercana al parque “King George”, que los vecinos prefieren llamar parque “Murray”, esa casa que transformó su segundo piso en una intimo estudio de grabación y que como afirmaron los propietarios actuales del inmueble, probablemente fue el sitio donde se inspiró el conocido tema “Hallelujah”, el tema de Cohen con más versiones grabadas. En una entrevista al periódico New York Post, Cohen afirmó: “Yo me siento en casa cuando yo estoy en Montreal, de una manera que yo no siento en cualquier otro lugar. Yo no sé qué es esto pero los sentimientos se tornan más fuertes cuando me hago más viejo”. El vecindario esta en estos momentos en remodelación, los obreros aun vestidos con abrigos para el invierno traen y llevan materiales en esta calle que desciende.
Leonard Cohen vivió en distintos lugares del mundo, con su amor y musa noruega Marianne Ihlen, en esa isla llamada Hydra en Grecia por siete años, pero también en su casa de Montreal comprada en el año 1970, ya con los ingresos de la poesía y la música, la casa número 28 de la “Rue Vallieres” en frente del parque Portugal, un pequeño espacio con bancas y un quiosco, desde donde se ve la casa doble de Cohen. Recorrí, varias veces este lugar rodee el parque cubierto de nieve, mire las esquinas, las calles que tienen una despejada casualidad, “Rue Marie-Anne”, como la inspiradora de Cohen, lo que aprovecho algún seguidor para colocar sobre el nombre de la calle “So long” y que luego de la muerte del bate, escribieran su nombre bajo el aviso. Como afirmó Cohen en una de su libro de poemas de 1961 “The Spice-Box of the Earth”: “Tengo que regresar continuamente a Montreal para renovar mis afiliaciones neuróticas”. Nos acercamos a la puerta de la casa, tomo las fotografías a la entrada y toco a la puerta imaginando que “Monsieur” Cohen me sorprenda abriéndola.

Su poesía y su música era una extensión de la expresión de su ciudad de su contacto, desde la postura de quien vive los distintos lugares, más allá de quien observa, de quien solo describe una percepción, esto se convierte claramente en un sentimiento. Su clásico tema llamado “Suzanne”, que se desarrolla en un espacio de la ciudad que por modernismo ya no existe, como aparece en la canción, llévame: “A un escondite al lado del río, donde podías oír las barcazas y pasarte toda la noche a su lado” ,me refiero al “Vieux Port”, el Viejo Puerto, un lugar que fue nostálgico, invadido de hipismo y con elemento de descuido arquitectónico y decadencia de los años sesenta, hoy ajeno a esa época, es una zona de efervescente turismo, pero sin dejar a un lado la emblemática iglesia que los marineros visitaban antes de zarpar a sus osadas aventuras geográficas y comerciales, esa la de “Notre-Dame-de-Bonsecours”, la que aparece en su canción “Suzanne” y donde hoy se conservan aun las réplicas en miniatura de los barcos, que se ofrecen en pago por los favores recibidos a la virgen, esa prosa que recibió también él.
Cohen visitaba las librerías de este sector, del Viejo Puerto de Montreal, cuando fue asaltado en una de ellas, fue iluminado, por Federico García Lorca y su poemario “Diván del Tamarit”:
“Poema: Gacela del amor desesperado”
La noche no quiere venir
Para que tú no vengas a mí,
Ni yo pueda ir.

Fue esta la epifanía, la luz al final del túnel, fue el momento donde el adolescente Cohen encontró el designio de ser poeta. Ya todo estaba dicho, aprendió a tocar guitarra andaluza por un español que se encontró en el parque enfrente de la casa de su infancia y encontró su oficio en las páginas de otro español, en las librerías de su natal ciudad. Cohen viajaba continuamente, por sus concierto y por placer, tenía una casa en la ciudad de los Ángeles, en California, Estados Unidos, pero vivía en la ciudad que lo nutria de inspiración constante, Montreal.
Hoy sus restos descansan en el cementerio judío de la Congregación Shoar Hashomayin, en el barrio que lo vio nacer en el año de 1934, en Westmount, de la misma sinagoga que presto su coro para el tema “You want it darker” en su último álbum, como lo manifestó en una de sus entrevistas hablando de su ciudad natal: “Mi hogar y mi cuartel para la segunda mitad de mi vida”. Para mí, es un gusto volverlo a ver “Mister” Cohen.
Canciones incluidas:
 Wainting for a miracle
 The Future
 So long Marianne
 Suzanne
 You want it darker
 Dance me to the end of love
 I`m your man

2017.